EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA SITIADO POR LA CRUZADA ANTICORRUPCIÓN

congPor estas horas se conocieron dos nuevas medidas judiciales en relación a connotados miembros del Congreso de la República, una de las instituciones más refractarias al cambio exigido masivamente por la sociedad guatemalteca.

En primer lugar, el Ministerio Público y la CICIG solicitaron a la justicia una orden de arraigo o prohibición de salida del país contra cinco diputados y dos ex legisladores acusados de corrupción en función de la contratación anómala de trabajadores para el Congreso. Se trata del caso conocido como “Plazas Fantasma”.

Dicha medida fue solicitada contra Cristian Boussinot, del partido Todos; Manuel Marcelino García Chutá y Arístides Baldomero Crespo Villegas, del Movimiento Reformador; César Emilio Fajardo Morales, independiente y Carlos Enrique López Girón, de UNE. La misma se extendió también a los ex diputados Selvin García y Julio César López.

Debe señalarse que por el caso de las “Plazas Fantasmas” ya fueron capturados en mayo pasado los ex diputados Edgar Cristiani, Luis Mijangos, Carlos Herrera y Alfredo Rabbé.

Por otro lado, la Corte Suprema de Justicia de Guatemala decidió por unanimidad retirar el pasado miércoles la inmunidad a ocho diputados oficialistas acusados de los delitos de abuso de autoridad y discriminación por agredir e insultar a Estela Ventura, gobernadora por el departamento de Alta Verapaz, que asistía a un citatorio efectuado por los legisladores en abril pasado.

Según la denuncia, los legisladores le exigían que acatara sus órdenes en el manejo de fondos para obra pública, diciéndole que “ellos eran los que mandaban”. Ante la negativa de la funcionaria, le espetaron “india estúpida, así se ha hecho, así se hace y así se hará”.

Se trata de los diputados oficialistas Juan Manuel Giordano, Óscar Corletto, Laura Franco —presidenta de la Comisión de la Mujer-, Rudy Pereira, Byron Chacón, Julio Juárez, Edgar Montepeque y Ferdy Elías.

La “cruzada anticorrupción” parece tener sitiado al Congreso de la República, que hasta ahora era una de las últimas trincheras de resistencia de la vieja política.

¿Cuánto más podrá resistir la vieja política en una Guatemala en que la clase política ha venido escuchado con fuerza el clamor popular de renovación?

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