CONGRESO DE LA REPÚBLICA: LAS OTRAS PLAZAS FANTASMAS

congEl Congreso, sin dudas una de las instituciones más refractarias al cambio que la sociedad guatemalteca viene reclamando, se resiste a renunciar a los privilegios y prácticas asociadas a la “vieja política”.

En este contexto, no es casualidad que el Congreso de la República sea hoy uno de los blancos privilegiados de la “cruzada anticorrupción” liderada por la CICIG, el MP, y la justicia.

Gustavo Medrano está entre los 5 diputados que menos llega a las sesiones del Congreso, pero también es el que más empleados tiene a su cargo, violando la Ley Orgánica del Congreso que fue reformada el 4 de febrero de este año.

La normativa establece que los parlamentarios pueden tener un máximo de 4 empleados contratados bajo el renglón 011 a su cargo y tres 022 (asesor, asistente y secretaria). Sin embargo, Medrano tiene los tres 022 y 14 empleados permanentes, es decir que triplica el límite establecido.

De las 35 plenarias convocadas entre el 14 de enero y el 15 de mayo, este legislador solo asistió a 22.

Pero Medrano no es el único que viola la ley. Los registros del personal del Congreso obtenidos por medio de la Unidad de Acceso a la Información Pública, revelan que otros 44 diputados exceden el límite permitido de empleados, incluidos todos los miembros de la Junta Directiva.

A estas irregularidades hay que sumarle, las plazas fantasma, es decir quienes cobran un salario sin llegar a trabajar, lo que viene siendo investigado por la CICIG y el Ministerio Público.

Sin embargo, hay otro tipo de plazas fantasmas en este organismo: los empleados que marcan su entrada y su salida, pero durante su jornada no tienen nada por hacer.

Según los registros de la Dirección de Recursos Humanos, el Congreso tiene a 24 empleados “en disponibilidad”, cada uno devengando un salario de entre 8 mil 800 y 33 mil 365 quetzales. A esto debe sumársele que 16 trabajadores que fueron destituidos a inicio de año fueron reinstalados por orden judicial y aunque se les paga, no han sido asignados a ninguna área del Legislativo.

 Además, las renuncias de dos diputados provocaron que los empleados a su cargo quedaran sin qué hacer. En la planilla del Congreso también se incluye a 12 empleados para atender los despachos de los dos sindicatos más grandes de este organismo (STOL y SINTRACOR) quienes ganan entre 5 mil 692 y 33 mil 267 quetzales al mes.

Todas estas plazas representan un desembolso mensual de 887 mil 891.79 quetzales, un exceso al que debe ponerse fin.

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