¿EN QUÉ VA A MEJORAR NUESTRAS VIDAS LA REFORMA CONSTITUCIONAL?

reformas-constitucionalesCon la asistencia de los presidentes de los organismos del Estado –Jimmy Morales, Ejecutivo; Mario Taracena, Legislativo, y Rafael Rojas, Judicial– fue entregada al Congreso de la República la Propuesta de Reforma Constitucional en Materia de Justicia, preparada durante varios meses tras escuchar planteamientos de los diversos estamentos sociales.

Afortunadamente han surgido voces sensatas que nos ponen en qué pensar. Los guatemaltecos no podemos ser borregos que vamos sin rechistar a aceptar lo que del Congreso salga para que los ciudadanos votemos por un sí o un no, sin conocer realmente qué es lo que se va a tocar o manosear de la Constitución de la República.

Más aún a la luz de los últimos antecedentes de la materia, es decir, la única y pésima reforma o manoseo que se le hizo en el año 1994 a nuestra Constitución. Una experiencia que fue a todas luces negativa, con quizás la única excepción de la depuración del Congreso. En el texto original de la Constitución de 1985, por ejemplo se mandaba que la Corte Suprema de Justicia se integraba con nueve Magistrados y por el manoseo se aumentó a trece. ¿Qué ganó la población con ese cambio? Otro ejemplo, el período de ejercicio del Presidente y Vicepresidente de la República era de cinco años, pero con el manoseo de 1994 se disminuyó a cuatro años. ¿Por qué? Tal vez porque así es en Estados Unidos. ¿Mejoró la vida de los guatemaltecos con bajar de cinco a cuatro años? ¿Qué ventajas ese cambio?

Esta nefasta experiencia de nuestro pasado nos debe llegar a preguntarnos ¿En qué va a mejorar nuestra vida con este nueva reforma?

Lo primero que debe decirse es que una reforma de tal naturaleza debe meditarse, discutirse, pensarse y repensarse. Decir que, en razón de que la reforma ya fue debatida públicamente, los diputados solo pueden aprobar los cambios ya consensuados es un disparate, que implicaría desconocer el rol del Congreso como depositario de la soberanía del pueblo, más allá de las críticas que podamos señalar en relación al desempeño de la institución.

Porque si solo se trata de decir amén, reduzcamos el Congreso a una docena de lacayos que digan “Yes, Sir” a lo que salga de una comisión del Ejecutivo y el Judicial, y seguramente también a algún interés extranjero detrás de ellos.

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