¿QUÉ PUEDE ESPERARSE DEL 2017?

imagesSi el 2015 fue el año de las sorpresas con las primeras revelaciones del caso “La Línea”, el 2016 fue el del tsunami. La corrupción, que los ingenuos creían contenida a la esfera de gobierno, reveló su verdadera naturaleza: la de una marea que sube, incontenible, y sumerge a la sociedad entera.

El entusiasmo de 2015 por la lucha contra la corrupción se tiñó de incertidumbre en 2016, cuando los grupos mafiosos empezaron a reacomodarse y forjar alianzas, no solo para defenderse, sino para contraatacar.

El 2017 empieza entonces así, bajo el signo de una conflictividad creciente: será sin dudas, un año de duras batallas. Por lo pronto,  las revelaciones en torno a los casos de la togada Blanca Stalling y el magistrado Orellana Denis, parecen avalar dichos pronósticos.

A esta altura, ya está más que claro que del Ejecutivo y del presidente Morales se puede esperar francamente muy poco. Al cabo de 12, lejos de marcar un cambio ante la “vieja política”, el mandatario cayó pronto en los mismos vicios de siempre.

Débil, rehén de un congreso repleto de tránsfugas, oportunistas y tramposos, militares de la vieja guardia en busca de revancha, Morales no parece en capacidad de articular ninguna política coherente, mucho menos de ejecutarla, en los próximos meses.

Las mafias están listas para defenderse: han tejido una alianza que pasa por el Congreso, la Corte Suprema, el Ejecutivo y el penal de Mariscal Zavala. Es de suponer en el 2017 este grupo de coaligados hará lo posible por desacreditar y neutralizar los casos de corrupción.

Así las cosas, es la sociedad que salió a las calles en 2015 y que anhela el fin de la impunidad tendrá que reencontrar fuerza en sí misma, porque el entorno no parece favorable.

Quizás ya es hora de que la Plaza despierte…

ROBINSON CONTINUARÁ EN GUATEMALA

todd-robinsonFinalmente, el embajador de Estados Unidos, Todd Robinson, continuará en Guatemala a pesar de los movimientos que está realizando la cancillería de ese país con la llegada de Donald Trump a la presidencia.

Según una publicación del diario vespertino La Hora, la embajada de Estados Unidos en Guatemala confirmó que la remoción de Robinson de su cargo no está en los planes del gobierno del país norteamericano debido a que “es un político de carrera con treinta años de experiencia”.

Las especulaciones en torno al futuro del entrometido embajador surgieron al conocerse que el Presidente electo Donald Trump envió decenas de cartas a Embajadores de dicho país solicitándoles pongan a disposición su renuncia.

“Hay que recordar que el embajador Robinson no es nombrado por políticas, sino por carrera en el servicio diplomático. Él va a permanecer en el cargo después del 21 de enero. Nada va a cambiar”, publica La Hora, citando fuentes de la Embajada.

Robinson está por cumplir el periodo mínimo de tres años que un embajador debe pasar en un país. Luego podría pedir una prórroga de un año, hasta un máximo de cinco.

Está más que claro que el “estilo” del Embajador es altamente compatible con el del nuevo Presidente estadounidense: entrometido, excesivamente locuaz, bastante maleducado, e indiferente frente a los intereses y necesidades de los vecinos.

En definitiva, se cierne un panorama sombrío para la relación bilateral.

20 AÑOS DE PAZ: MÁS SOMBRAS QUE LUCES.

paloma-de-la-paz-47Los Acuerdos de Paz de Guatemala, que cumplen 20 años, lograron poner fin a un conflicto armado de más de tres décadas, pero las reformas que preveían para el desarrollo del país se frustraron por falta de voluntad política.

La firma de la paz fue un hito histórico porque suponía la culminación de un conflicto armado de 36 años (1960-1996) que produjo numerosas muertes, masacres y actos de lesa humanidad.

Sin embargo, no se ha avanzado en los acuerdos sustantivos que implicaban reformas estructurales del Estado. Si bien merecen destacarse los avances logrados en los acuerdos operativos, relacionados principalmente con la desmovilización de las fuerzas insurgentes, la reducción del Ejército, el cese al fuego y la incorporación de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) a la vida política democrática, entre otros. No obstante, siguen sin cumplirse los compromisos de los Acuerdos de Paz que implicaban el reconocimiento de los pueblos indígenas, las reformas al sistema de justicia y al sistema electoral, así como un pacto fiscal integral para que el Estado tuviera más recursos y atendiera mejor las demandas del país.

Es una agenda pendiente y debe ser impulsada para alcanzar esa paz duradera y el desarrollo del país para lo cual se necesita voluntad política.

Se ha producido un retroceso en materia de derechos económicos, sociales y culturales. El informe de desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) indica que Guatemala ha retrocedido en pobreza, desnutrición, muerte infantil y materna.

Además, la elite de militares y sector privado que estaba en contra de los acuerdos de paz durante los tiempos del conflicto armado, y que durante todos estos años de “paz” formó del statu quo es el que aún se opone a que haya cambios, y buscan seguir haciendo uso de los privilegios.

Desafortunadamente, la falta de voluntad política ha impedido cambios estructurales y muestra de ello es que 20 años después se siguen discutiendo los mismos contenidos.