LA EXTRANJERIZACIÓN Y LA CICIG.

imagesEl país bulle de talentos enfilados hacia múltiples direcciones; también en logros intelectuales, religiosos, artísticos y empresariales. Pero alguno de sus hijos se muestran demasiado prestos a olvidarlos y a enfatizar, en cambio, las múltiples carencias humanas que nos aquejan como en cualquiera otra  sociedad meramente humana.

Esta distorsión últimamente tan reiterada nunca me ha parecido tan descabellada como durante estas últimas décadas, coincidentes más o menos con la promulgación de la Constitución Política vigente desde enero de 1986.

Tras apagarse en este suelo el esplendor único de la cultura maya, siguieron unos seis siglos de abandono, de caos, nuevas invasiones desde el Norte y recurrentes conflictos tribales en una población por demás ya muy disminuida. Y al final, sobrevino la Conquista…

Tres siglos después, por tanto, de la Conquista, una Independencia de papel “ilustrado” se añadió a sus logros.

Hasta la presidencia de Reina Barrios, las influencias culturales y sociales más relevantes para la vida pública guatemalteca les llegaron desde la Ciudad de México, la antigua Capital del Virreinato. Así se repitió muy evidentemente en la Reforma Liberal de 1870.

Pero con la dictadura subsiguiente por veintidós años de Manuel Estrada Cabrera, el polo magnético de la vida pública en Guatemala empezó a desplazarse hacia la ciudad de Washington D. C.

De ahí también esa propensión por demás inexplicable a menospreciar lo propio y exaltar lo ajeno, como se ha evidenciado últimamente con el fenómeno de la CICIG.

Esto hace, adicionalmente, sumamente difícil la cooperación voluntaria para el logro de fines cívicos comunes. En consecuencia, empuja a muchos a creer lo peor en los demás, como lo evidencia esa pasiva aceptación de la culpa de cualquier acusado aunque no hubiera sido jamás llevado a juicio ni vencido como lo manda el debido proceso. Eso, sea dicho de paso, puede ser también una explicación de que por qué tanta de nuestra prensa escrita se haya convertido en nuestros días en peladeros interminables…

Tragedia, bien grave, porque un pueblo mal informado no puede dejar de elegir mal.

El mejor índice para mostrar la correlación numérica entre los guatemaltecos que todavía quieren comportarse como ciudadanos dignos de un Estado soberano y aquellos otros que ya parecen haber abdicado definitivamente a su autonomía personal, se transparenta en las últimas propuestas de “reforma” constitucional en el sector justicia, en teoría deber exclusivo de sus ciudadanos.

Por ejemplo, en 2009 73 mil ciudadanos hicieron uso legítimo de su derecho a proponer al pleno del Congreso unas reformas constitucionales previas a una consulta popular, que según el Artículo 277 de la Constitución habrían de ser conocidas “sin demora”. Ocho años después, esas propuestas siguen olvidadas en las gavetas de la Comisión de Legislación y puntos constitucionales…

En cambio, este año se han presentado, urdidas en secreto bajo la instigación de un colombiano muy ambicioso, y con el apoyo de un embajador norteamericano, y dos de sus pasivos adláteres locales, Thelma Aldana y Jorge de León Duque, y su discusión ha sido en cuestión de días precipitadamente impuesta a los diputados de turno.

Es decir, que el peso correlativo de 73 mil ciudadanos es menor que el de un colombiano que cuenta con el respaldo de un portugués que nunca ha visitado Guatemala y de un norteamericano que lamentablemente todavía se mueve por este suelo.

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